martes, 24 de enero de 2012

Megaupload

Todo el mundo sabe que han cerrado Megaupload. Ya se ha hablado mucho en televisión, en los periódicos, en Internet, pero... ¿Supondrá su cierre un antes y un después en los servicios de almacenamiento online? ¿Y la industrial del contenido? ¿Por fin se decidirán a distribuir sus productos por Internet a precios razonables?



Tal y como están las cosas es muy difícil anticipar lo que va a pasar y sólo el tiempo dirá si Megaupload ha caído realmente por la actividad que llevaba a cabo, en cuyo caso sentaría precedente para el cierre de sitios similares, o si, por el contrario, el motivo del cierre son otras supuestas actividades delictivas que han desarrollado mientras ofrecían su servicio de almacenamiento. Lo que sí que está claro es que el porcentaje de contenido protegido que se albergaba en sus servidores era enorme, y que la situación a largo plazo era insostenible y de difícil solución porque ¿Donde está el límite a la hora de compartir archivos? Si se lo preguntamos a Rupert Murdoch, seguramente nos dijera que ni siquiera podemos prestarle un libro a un amigo, que debería comprarse su propio ejemplar. Si me lo preguntaran a mí, diría que me parece lógico que cualquiera pueda prestar a sus amigos los contenidos que él ha adquirido, pero en ningún caso debe de poder transmitirlo a cientos y miles de desconocidos, y aun por encima obtener rendimientos, ya sean monetarios o en especie.

Pero en todo caso, no me parece que una empresa que ofrece un servicio de almacenamiento online tenga la culpa (o por lo menos toda la culpa) del mal uso que los usuarios hagan de él. Otro cantar sería si Megaupload hubiese promocionado ocultamente el uso de su servicio para difundir materiales con derechos de autor, como muchos medios afirman en los últimos días (dejando la presunción de inocencia a un lado, para variar). No obstante, será al juez estadounidense de turno, al que le tocará valorar este tema.
Mientras tanto, otros servicios de almacenamiento online como Filesonic, le han visto los dientes al lobo y ya están tomando medidas. Actualmente, los usuarios de este servicio  sólo pueden descargar los archivos que ellos mismos han subido. No se sabe si se trata de una medida temporal (hasta que se calmen las aguas), o si la restricción será definitiva.
Así, de todo esto, sólo podemos sacar una conclusión: La caída de Megaupload no es una casualidad, sino la consecuencia directa del poder político del Imperio del Contenido, que se empeña en reprimir la mayor fuente de innovación que existe actualmente (Internet) para mantener su status quo. Alguien le debería decir a esta gente que no pueden seguir haciendo sus negocios como hasta ahora, y que seguramente combatirían a la piratería más efectivamente con más oferta de contenidos legales a un precio que el común de los mortales pueda asumir. Qué aprendan de casos como Spotify y Netflix, que demuestran que otra manera de hacer negocio con el entretenimiento, es posible, ya que ellos lo están logrando a pesar de todas las zancadillas que les están poniendo. Todo esto, teniendo en cuenta que no está ni remotamente demostrado (por mucho que se empeñen en decir que sí) que la piratería haya repercutido de manera perceptible en los beneficios del Imperio del Contenido, que por otro lado han seguido una tendencia claramente creciente en los últimos años.

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